La cerveza provoca la liberación de dopamina en el cerebro
Por Centro Marenostrum - Alcohol, General, Noticias - 22 mayo 2013
Fuente: La Vanguardia
Madrid. (Europa Press).- El sabor de la cerveza, sin ningún efecto a partir del alcohol en sí mismo, puede desencadenar la liberación de dopamina en el cerebro, que está asociada con la bebida y otras drogas, según investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, en Bloomington (Estados Unidos).
Usando la tomografía por emisión de positrones (PET), los científicos analizaron a 49 hombres mediante dos pruebas, una al degustar la cerveza y otra al probar una bebida isotónica (Gatorade), buscando evidencia de un aumento de los niveles de dopamina, un neurotransmisor cerebral asociado durante mucho tiempo con el alcohol y otras drogas.
Los escáneres mostraron una actividad significativamente más alta de dopamina siguiendo el gusto de la cerveza que el de la bebida deportiva.
Además, el efecto fue significativamente mayor entre los participantes con un historial familiar de alcoholismo, según las conclusiones de la investigación, publicadas este lunes por la revista Neuropsychopharmacology.
“Creemos que éste es el primer experimento en humanos que demuestra que el sabor de una bebida alcohólica sola, sin ningún tipo de efecto tóxico del alcohol, puede provocar esta actividad de la dopamina en los centros de recompensa del cerebro”, afirmó David A. Kareken, profesor de Neurología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana y subdirector del Centro de Investigación sobre el Alcohol en Indiana.
El mayor efecto en los participantes con parientes cercanos alcohólicos sugiere que la liberación de dopamina en respuesta a esas señales relacionadas con el alcohol puede ser un factor de riesgo hereditario para el alcoholismo, subrayó el doctor Kareken.
La investigación durante varias décadas ha vinculado la dopamina con el consumo de varias drogas, aunque los científicos tienen diferentes interpretaciones del papel del neurotransmisor.
Las señales sensoriales que están estrechamente asociadas con la intoxicación por drogas (que van desde sabores y olores hasta la vista de una taberna) han sido durante mucho tiempo conocidas por provocar ansiedad e inducir a la recaída de alcohólicos en tratamiento de rehabilitación ymuchos neurocientíficos creen que la dopamina juega un papel crítico.
Los participantes en el estudio recibieron una cantidad muy pequeña de su cerveza preferida, 15 mililitros, durante un periodo de tiempo de 15 minutos, lo que les permitió probar la cerveza sin dar lugar a ningún nivel detectable de alcohol en sangre o efecto intoxicante.
Mediante el uso de un compuesto en el escáner de emisión de positrones que se dirige a los receptores de dopamina en el cerebro, los expertos pudieron evaluar los niveles de dopamina que se producen después de que los participantes degustaron los líquidos.
Además de los resultados de la exploración PET, los participantes reportaron un deseo creciente de cerveza tras la degustación, sin respuestas similares después de probar la bebida deportiva, a pesar de que muchos pensaban que Gatorade, en realidad, sabía mejor, resumió Brandon G. Oberlin, investigador postdoctoral y autor principal del artículo
La estimulación con luz láser puede combatir la adicción a la cocaína
Por Centro Marenostrum - Cocaina, General, Noticias - 12 abril 2013
Fuente: http://www.lavanguardia.com/salud/20130404/54370910398/laser-adiccion-cocaina.html
Científicos logran erradicar la dependencia en ratas, pero también convertirlas en adictas compulsivas
Londres. (EFE).- La estimulación de una parte del cerebro con luz láser puede combatir la adicción a la cocaína, según una investigación científica llevada a cabo con ratas publicada hoy en la revista británica Nature.
El estudio fue llevado a cabo por el Instituto Nacional de Salud estadounidense (NIH, por sus siglas en inglés) en colaboración con el Centro de Investigación Ernest Gallo de la Universidad de San Francisco (UCSF).
Los científicos implicados en el proyecto demostraron que con la luz láser pueden erradicar la adicción en ratas pero también provocar la situación contraria, es decir, convertir a ratas “limpias” en adictas compulsivas a la cocaína.
“Cuando proyectamos la luz láser en la región del córtex prefrontal, la búsqueda compulsiva de cocaína desaparece”, afirmó el científico del INH Antonello Bonci.
Según la investigación, el papel del córtex prefrontal en la adicción compulsiva a la cocaína es crucial y sugiere una nueva terapia que se podría probar inmediatamente sobre seres humanos.
No obstante, el tratamiento aplicado sobre personas no utilizaría la luz láser sino que probablemente consistiría en estimular electromagnéticamente la parte externa del cerebro con una técnica bautizada como estimulación magnética transcraneal (TMS).
Una de las señas de identidad de la adicción a la cocaína es la pérdida de la capacidad para dejar de consumir la droga pese a ser consciente de que nos está destruyendo la vida, apunta el estudio.
“Lo que hace esta nueva investigación tan prometedora es que el director del estudio, Billy Chen, y sus colegas trabajaron con un modelo de animal que imita este tipo de adicción compulsiva a la cocaína“, subrayó Bonci.
Los análisis electrofisiológicos de las ratas adictas indicaron una baja actividad en el cortex prefrontal (una región del cerebro fundamental para el control de los impulsos, la toma de decisiones y la flexibilidad de la conducta).
Otros estudios que fotografiaron el cerebro humano mostraron el mismo patrón de baja actividad en esta región cerebral en personas que sufren de adicción a la cocaína.
Para comprobar si la alteración de la actividad en esta región cerebral tenía algún impacto sobre la adicción, Chen y su equipo utilizaron una técnica llamada optogenética para estimular y anular esta actividad a través de luz láser.
Tomaron proteínas fotosensibles llamadas rodopsinas y se valieron de la ingeniería genética para insertarlas en las neuronas del córtex prefrontal de las ratas, de tal manera que la luz láser activara y desactivara las células nerviosas.
Si se estimulaban, la conducta compulsiva desaparecía, mientras que anulando su actividad se convertía a una rata “limpia” en una adicta a la droga, según la investigación.
Modificar las actitudes para superar una drogadicción
Fuente: Diario Médico
Responsibilizar al paciente adicto del éxito de su tratamiento sin culpabilizarle por su enfermedad, modificar sus actitudes y hacerle comprender que no debe volver a consumir tóxicos, es la línea de actuación del Centro Terapéutico Marenostrum, en Mollet del Vallés, Barcelona. Allí ingresan desde hace casi 30 años pacientes con dependencia a sustancias psicoactivas que son tratados por un equipo multidisciplinar de psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales y monitores. Éstos se ocupan de abordar la enfermedad multicausal en función de las características de cada paciente y de su patrón de consumo. El 80 por ciento de los pacientes que ingresan reciben el alta. A los tres años, el 56 por ciento continúa sin consumir.
Según ha explicado a DM Fidel Riba, director médico del centro -cuya apariencia y distribución es como un hotel-, la mayoría de los pacientes ingresan obligados por sus familias, para las que la adicción es una situación insostenible. “El tratamiento empieza con una evaluación médica, un análisis físico y del historial médico y según la historia adictiva calculamos la medicación para evitar el síndrome de abstinencia y facilitar la inserción inmediata del paciente en la terapia”.
Sin embargo, según Riba, la farmacopea, basada en el método Minnesota, sólo está dirigida a reducir el malestar físico. Para conseguir la curación de la drogadicción lo verdaderamente eficaz son las terapias grupales cognitivo-conductuales. “Con éstas se pretende que el paciente adquiera conciencia de la enfermedad, que entienda dónde está por culpa del tóxico, y qué puede perder. A partir de ahí se le insta a que empiece a mirar hacia el futuro con esperanza, con ganas y con la posibilidad de salir de la enfermedad”.
Con la terapia se ayuda a que el paciente se conozca a sí mismo, que adquiera habilidades perdidas y que identifique cuáles son los factores de riesgo o las situaciones que utiliza para justificar el consumo. En definitiva, se trata de aprender actitudes y formas de actuación diferentes. “Son enfermedades con 10 ó 15 años de evolución, así que cuesta modificar las automatizaciones de la conducta”. Ingreso y tratamiento La duración habitual del ingreso es de unas 8 ó 10 semanas, que se divide en tres fases: quince días en los que se intenta que el paciente se habitúe al nuevo entorno y entienda que sufre una patología crónica que debe tratarse.
En la segunda hay que centrarse en la enfermedad, y en la tercera fase se prepara el alta. Además de asistir a la terapia grupal, los pacientes también pueden realizar ejercicio, pasear, participar en cine forum, en talleres de expresión emocional y de lectura, así como terapias familiares y de pareja. Otros programas se realizan de forma ambulatoria o con ingresos más cortos y visitas al hospital de día.
Al alta, los pacientes regresan cada tarde a la terapia durante 2 ó 3 años. “Los que provienen del resto de España son derivados a nuestros centros de referencia -en Madrid, Valencia y Bilbao-” o a otras entidades que continúen con el trabajo realizado. Una prueba del compromiso de los pacientes con el programa es que muchos, tras un periodo de 3 ó 4 años de abstinencia, se han formado para poder impartir la rehabilitación.
“El tratamiento es estándar, pero intentamos atender a las necesidades individuales, especialmente al alta, apoyándoles y protegiéndoles con consignas y pautas de tratamiento que les permitan seguir adelante”.
PROYECTO DE ALTAS TUTELADAS
Tras la primera fase de ingreso algunos pacientes serán derivados al Proyecto de Altas Tuteladas, dirigido a aquéllos que necesitan una protección más elevada, ya que “el hecho de volver a su hábitat habitual les provocará un aumento de la probabilidad de recaídas”, dice Fidel Riba, director médico del Centro Marenostrum. Puesto que el paciente adicto cada vez es más precoz, muchas de las habilidades que se adquirirían con el desarrollo normal no se instauran, por lo que el programa busca trabajar las diferentes áreas de actuación de desarrollo personal, apoyado en los recursos necesarios y dar soporte al equipo terapéutico en el seguimiento. Tras el ingreso obligatorio los pacientes pueden pasar a la casa de convivencia o a los pisos tutelados o autónomos: “Esto ayuda a aumentar su autonomía. En jóvenes, por ejemplo, les ayudamos en la reinserción al mundo académico, y en otros pacientes se trabaja el incremento de las habilidades higiénicas y personales…”. El objetivo final es apoyar y trabajar para facilitar la reinserción y recuperación del paciente.
“Pensaba que me moriría si dejaba de consumir coca”
Por Centro Marenostrum - General - 6 septiembre 2012
Fuente: El Pais
Cuando Antonio amenazó con una pistola a su mujer “descendió al infierno”. “De repente me dio una paranoia y estuve a punto de hacer una locura”, remarca gesticulante y mirando al suelo. Corría 2010 y Antonio (nombre figurado), de 48 años y con tres hijos adolescentes, se metía a diario a escondidas 300 euros de cocaína. Cuatro gramos, 48 rayas y “decenas de mentiras” a compañeros de trabajo y familia. “Engañaba porque pensaba que me moriría si dejaba de consumir”, recuerda este valenciano.
Son las seis de la tarde y, como cada lunes, Antonio sale junto a una veintena de adictos de la terapia de la clínica privada Marenostrum. La secuencia se desarrolla durante tres horas en un diáfano piso de la calle Pintor Sorolla de Valencia. Sonrientes, los pacientes se sienten satisfechos. La mayoría lleva meses sin probar el polvo blanco. Y ha pagado cerca de 30.000 euros por desintoxicarse. Sus vidas se han transformado. Predominan los hombres (35%), casados (39%) y con un nivel adquisitivo alto, según datos de este centro. Médicos, abogados notarios y directivos. Algunos han muerto y otros están en prisión, según los asistentes.
El alcohol y los porros que descubrió como estudiante a mediados de los noventa en la ruta del bakalao bascularon pronto hacia la cocaína. Antonio se inició en su consumo con conocidos y noctámbulos de Valencia. Su sueldo de 5.000 euros como profesional sanitario le permitía comprar sin levantar sospechas. Poco a poco su dosis se disparó. El gramo diario inicial dejó de hacerle sentir “lo más parecido a un orgasmo”. Y el coqueteo se le fue de las manos. Se gastó 40.000 euros en dos años y “estuvo a punto” de hundir el negocio heredado de su madre. También de perder a su familia, que descubrió su “otra vida” por mensajes de teléfono. Engañó a su mujer. “Mi futuro pasaba por el psiquiátrico o la cárcel”, relata. Cuando no había dinero, este licenciado sanitario sustituía la coca por la anfetamina, “que conseguía por su trabajo”.
Antonio no es una rara avis. El dinero y la conexión con la ruta del bakalao son una constante en una buena parte de la generación de cocainómanos de 40 años de la Comunidad Valenciana, según Marenostrum. “Se trata de un fondo heredado por un acontecimiento que atrajo a muchos jóvenes”, explica la terapeuta de la clínica Elena Vergés al ser preguntada por la relación entre la droga y la provincia de Valencia. El nexo se confirma en un reciente estudio, realizado en 19 ciudades, que sitúa a Valencia entre las cinco urbes con mayor consumo de Europa. La central de la clínica se encuentra en Mollet del Vallés (Barcelona) y, tras Cataluña, la segunda procedencia de sus pacientes es la Comunidad Valenciana (14%).
Salir del pozo es un proceso lento. Comienza con el ingreso en el centro de Barcelona en régimen abierto durante 10 ó 12 semanas. Los médicos combaten el síndrome de abstinencia y transforman las conductas. “Se trata de formatear el cerebro para evitar las recaídas, ya que la dependencia física se elimina a los 15 días”, dice Fidel Riba, director médico.
Se prohíbe visitar a antiguos amigos o beber alcohol, la “puerta de entrada” al resto de drogas, según el centro. La terapia es la piedra angular del tratamiento. Vergés se desplaza semanalmente a Valencia para realizar un seguimiento. Se muestra “muy orgullosa” de los resultados. Ha tratado con éxito “casos muy graves”, como el de un treintañero rentista valenciano que tomaba a diario ocho gramos de coca (96 rayas).
Aunque el caso resulta extremo, todos los consultados por EL PAÍS han sufrido brotes de agresividad y paranoias asociadas al consumo. Y todos dijeron basta y comenzaron su rehabilitación tras un “susto” que pudo abocarles al abismo.
Laura es viuda, tiene 54 años, y pertenece a la clase alta valenciana. Licenciada en Económicas y con un máster en Logística, se “asomó al precipicio” cuando el resto de socios de su empresa de transportes la echó. Esnifaba a todas horas y en el trabajo. Era directiva de empresas, como uno de cada cinco adictos, según el centro. Pasó de ganar 5.000 euros más incentivos a deambular como un zombi por Las Cañas, el híper de la droga de Valencia. Esta mujer descubrió la cara amable de la coca en su adinerado círculo de amigos. Comenzó a consumir “muchísimo” en cumpleaños y fiestas privadas de una conocida urbanización de Rocafort. Acabó enganchada, tomando rayas sola, traficando (compraba el gramo a 36 euros y lo vendía por 60). Se metió por la nariz más de 40.000 euros en tres años. Y se “olvidó” de sus hijos adolescentes. “Me pidieron que eligiera entre ellos y la farlopa y me quedé con la droga”, relata. Laura “perdió el norte” con la coca, pero su relación con los tóxicos —es así como le llaman los exadictos— se remonta a su etapa de estudiante en la Universidad de Valencia, cuando fue detenida en una redada por consumir heroína. Sus padres disfrutaban de una holgada posición económica y la enviaron a un internado de Suiza para que se olvidara de los ambientes que la habían precipitado al pozo. Cuando regresó a Valencia “volvió a las andadas” y se adentró en la cocaína tras consumirla en pubs del centro de Valencia. “La droga está en todas las partes. Hay quien de día es frutero y de noche pasa coca”, dice.
Laura y Antonio llevan meses sin probar ni un gramo y han recuperado su vida normal. Dicen que son felices. “El problema más grave de ahora es una tontería comparada con nuestra vida anterior”, coinciden. Al tratarse de una adicción es posible la recaída. Se sienten “fuertes” y siguen las estrictas normas del tratamiento, que desaconsejan salir por las noches, frecuentar a antiguos amigos e, incluso, beber la cerveza del aperitivo. El primer paso para desengancharse es querer hacerlo. Las terapias de grupo se prolongarán tres años. “Son enfermos, tal y como reconoce la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, cuenta por teléfono Sol Bacharach, directora del centro, cuyos tratamientos “ofrecen un 82% de altas terapéuticas” (evitan la palabra curación). Bacharach se muestra “comprensiva” con sus pacientes. Ella misma superó su adicción al alcohol, que se potenció el asesinato por ETA de su marido, el jurista Manuel Broseta.
El consumo de marihuana en la adolescencia daña la inteligencia
Por Centro Marenostrum - General - 6 septiembre 2012
Fuente: El Pais
El consumo persistente de marihuana durante la adolescencia produce un daño permanente en la inteligencia, la capacidad de atención y la memoria de las personas una vez que estas crecen. Esta es la principal conclusión de un estudio elaborado por investigadores del Instituto de Psiquiatría de King’s College de Londres, en colaboración con científicos de la Universidad de Duke en Estados Unidos y de Otago en Nueva Zelanda. El informe, que ha sido publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences ha revelado que los jóvenes que consumen marihuana al menos una vez a la semana desde los 13 años ven una disminución de hasta ocho puntos en su cociente intelectual a los 38 años.
El equipo de investigadores estudió a 1.037 personas en Dunedin, Nueva Zelanda, desde que nacieron, en 1972 ó 1973, hasta que cumplieron 38 años. A distintas edades se les realizaron entrevistas para conocer el nivel de consumo de drogas que mantenían. Cuando los individuos tenían 13 años y antes de que se iniciaran en el uso de la marihuana, se les sometió a pruebas de memoria, de razonamiento y de capacidad de reacción. Este mismo análisis se les volvió a practicar cuando cumplieron 38 años.
Una vez transcurrido el tiempo de estudio se concluyó que el 15% del grupo podía ser considerado consumidor habitual de marihuana, mientras que el 5% del grupo declaró fumar marihuana al menos una vez a la semana desde antes de los 18 años.
Después de comparar los resultados, la investigación arrojó que aquellos que iniciaron el consumo de la droga mientras eran adolescentes registraron un daño mucho mayor que quienes la empezaron a utilizar cuando ya eran adultos.
“El estudio demuestra que los adolescentes son particularmente vulnerables al consumo de la marihuana”, sostiene la doctora Madeline Meier, investigadora de laUniversidad de Duke, quien participó en la investigación. “El cerebro se somete a importantes cambios durante la juventud, por ejemplo, se cree que algunos procesos de desarrollo ocurren precisamente a tales edades y son los que aumentan la eficiencia del cerebro. Los adolescentes que usan marihuana pueden ver afectado ese proceso de madurez cerebral”, asevera.
Meier ha explicado que si bien los 8 puntos de deterioro en el cociente intelectual (CI) pueden no parecer demasiado, la pérdida sí es significativa. “Pasar de un cociente intelectual de 100 a 92 supone retroceder del percentil 50 al 29″, ha comentado. Según la doctora, los niveles de cocientes altos habitualmente están ligados a una mejor educación, a mejores ingresos, a una mejor salud y una vida más larga. “Alguien que ha perdido 8 puntos en su cociente intelectual durante la adolescencia va a estar en desventaja respecto de otras personas de su misma edad en el futuro”, plantea.
La profesora Terrie Moffitt, quien estuvo a cargo de la investigación resume los resultados en una frase: “Tengo la seguridad suficiente como para decir que la marihuana es segura para los cerebros de más de 18 años y conlleva mucho riesgo para aquellos de menos de 18”. Moffitt ha destacado que el estudio ha sido realizado garantizando la absoluta confidencialidad de quienes han sido analizados, por lo que ella confía en la honestidad de las personas y en la información que han aportado a través del tiempo.
Quien también ha destacado los resultados de la investigación es el profesor Robin Murray, del Instituto de Psiquiatría de Kings College. Murray ha asegurado que si bien estudios anteriores habían planteado el daño que la marihuana produce en la vida cotidiana, esta investigación ha logrado dar una explicación al por qué se pierden esas capacidades, sobre todo cuando el consumo se inicia de forma precoz
Obama vira su política de drogas de la persecución a la prevención
Por Centro Marenostrum - General - 19 abril 2012
Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/17/actualidad/1334694054_078290.html
En un giro sustancial respecto a lo que ha sido tradicionalmente la política de lucha contra el tráfico de estupefacientes en Estados Unidos, la Casa Blanca presentó ayer un Plan Nacional sobre Drogas que, por primera vez, convierte en objetivo prioritario el tratamiento y la prevención de la drogadicción como una enfermedad, y relega a un segundo plano la detención y condena de los consumidores. Esa estrategia supone la culminación de un cambio iniciado por Barack Obama al llegar al Gobierno de la nación, en 2009, cuando se propuso invertir más recursos en ofrecer tratamiento médico a los adictos y menos en su persecución policial.
La Casa Blanca hizo ayer públicos los datos de su inversión en ese ámbito durante la presidencia de Obama: 31.000 millones de dólares (23.000 millones de euros) en programas de tratamiento y reinserción y 27.000 millones en operaciones policiales. Solo en el año fiscal 2012 se invertirán 10.100 millones de dólares en prevención y 9.400 millones en partidas policiales. Se trata de un cambio de rumbo radical respecto a los años del anterior jefe del ejecutivo, George W. Bush, que presidió sobre una militarización de la lucha contra los estupefacientes, llegando a organizar 40.000 redadas policiales en contra tanto de traficantes como de consumidores, según estimaciones del grupo independiente Drug Policy Alliance.
Obama dijo el pasado fin de semana, durante una visita a Colombia con motivo de la Cumbre de las Américas, que se opone a la legalización de las drogas por considerar que crearía “un comercio masivo de sustancias que dominaría a muchos países”. Aun así, el propio Obama ha sido el primer presidente norteamericano que ha revertido la llamada guerra contra las drogas, iniciada oficialmente en 1971 por Richard Nixon, quien definió el problema en términos policiales. “El enemigo público número uno de América es el abuso de las drogas”, dijo Nixon entonces. Aquello colocaría, durante décadas, a los consumidores entre criminales.
En consecuencia, a lo largo de los años se aprobaron en el Capitolio diversas leyes que penalizaban por igual a los consumidores y a los narcotraficantes. En 1986, por ejemplo, el Congreso aprobó una norma que incrementó en un 100% las condenas por posesión de crack, que se produce disolviendo la cocaína en polvo en una mezcla de agua y amoníaco o bicarbonato de sodio. La posesión de solo cinco gramos de crack por parte de personas sin antecedentes se penaba con cinco años de cárcel. El resultado: si en 1980 había sólo 5.000 personas por posesión de drogas en las prisiones federales de EE UU, en 2009 esa cifra pasó a ser de 100.000. Ante ese aumento desbocado, Obama impulsó la revocación de esa ley, algo que logró culminar en agosto de 2010. Finalmente, 12.000 presos quedaron en libertad, gracias a la aplicación retroactiva de esa modificación.
Con la nueva estrategia, Obama marcó ayer la culminación en un cambio radical a cómo entiende la Casa Blanca la persecución del narcotráfico. “Nuestra nación aun se enfrenta a graves desafíos relacionados con las drogas”, dijo ayer el Presidente en un mensaje dirigido al Congreso, con el que acompañó a su plan. “Demasiados norteamericanos necesitan tratamiento por problemas relacionados con el uso de sustancias, pero no lo reciben”. La Casa Blanca añadió, en un comunicado: “Décadas de estudios científicos demuestran que la adicción a las drogas no es un fallo moral por parte de los individuos, sino una enfermedad mental que puede prevenirse y tratarse”.
El cambio, hacia un modelo que los expertos consideran inspirado en políticas europeas, no es solo filosófico. Tiene consecuencias prácticas. La Casa Blanca dijo ayer que, ahora, a través de colaboraciones con los 2.600 juzgados especializados en narcotráfico en EE UU, se envía anualmente a 120.000 detenidos por delitos menores de drogas a programas de rehabilitación y reinserción, “en lugar de a prisión”. En la ley de reforma sanitaria de 2009, además, el Presidente obligó a las aseguradoras a cubrir la adicción a las drogas como una enfermedad a prevenir y tratar.
Crisis – Una salida desesperada
Por Centro Marenostrum - General - 12 marzo 2012
Harikleia Lambrousi es griega, es funcionaria y está desesperada. Trabajaba en una institución pública de atenas que echa el cierre por exigencias del guión que marca la unión europea. Harikleia amenazó con lanzarse al vacío desde su oficina.
Después de cuatro horas de tensión, la convencieron para que no lo hiciese. Harikleia engordará la estadística del paro, pero por lo menos puede contarlo. Hay otra estadística, más dramática, que ha dado a conocer el Ministerio de Sanidad griego: la tasa de suicidios se ha incrementado un 40 por ciento desde que empezó la crisis. La desesperación de harikleia es extrema, pero simboliza muy bien el estado de ánimo que se está apoderando de buena parte de los europeos, en especial entre los 20 millones de parados de la UE. Ciudadanos contra las cuerdas como el italiano Salvatore de Salvo, un agente comercial desempleado, y su mujer, que se quitaron la vida después de enviar una carta abierta al Gobierno. “Os enteraréis por los periódicos de la gran dignidad con que saben morir dos ciudadanos asqueados de la hipocresía y de la crueldad de vosotros, los políticos”, advirtieron. O el caso de Félix, un agricultor valenciano que se quemó a lo bonzo en su garaje después de perder su trabajo. “La situación va a empeorar conforme avance el año y en 2013, sobre todo para la población comprendida entre 40 y 55 años”, vaticina el psiquiatra francés Michel Debout, autor de una investigación sobre suicidio y precariedad laboral. “Debería organizarse un dispositivo de apoyo psicológico enfocado a los parados. La sociedad les demostraría que todavía cuentan. Un parado se suicida porque ya está socialmente muerto”.

La recesión no solo afecta al bolsillo, también a la salud. Los desempleados tienen el doble de posibilidades de sufrir estrés, ansiedad y trastornos depresivos que las personas con trabajo. El sociólogo austríacos Paul Hartzfeld ha comprobado que el desempleo de larga duración provoca pérdida de confianza, sentimiento de abandono y desprecio hacia uno mismo. Y tener la autoestima por los suelos debilita el sistema inmunitario y es una puerta abierta a otras enfermedades.
El miedo a perder el trabajo también amarga a los que lo conservan. Se han triplicado las patologías profesionales que cursan sin baja; entre ellas, el estrés y la depresión. La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública calcula que entre 1500 y 4000 personas morirán en España cada año con dolencias relacionadas o agravadas por la pérdida del empleo. Además, se producirá un descenso de la esperanza de vida.
Las señales de alarma ya están ahí. El año pasado, los españoles se gastaron casi mil millones de euros en fármacos para evitar la angustia: 475 millones en antidepresivos y 468 en ansiolíticos, según datos de la consultora IMS. Los médicos de familia calculan que el consumo de antidepresivos se ha disparado desde 2007, cuando empezó la crisis, y podría superar el 30 por ciento. “Se está medicalizando mucho el sufrimiento. La tolerancia a la angustia es menor y se soluciona con una pastilla”, explica el doctor José Basora, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. En cuanto al uso de benzodiacepinas, como el Orfidal y otros ansiolíticos, su consumo se ha elevado un 13 por ciento en el mismo periodo.

Los psiquiatras de las unidades de salud mental saben mejor que nadie que los ánimos están cada vez más mustios: la mitad de sus pacientes son parados. Los diagnósticos más frecuentes: depresión trastorno adaptativo y ansiedad. Según el psiquiatra José Carlos Fuertes, autor de un estudio sobre la repercusión de la crisis económica en la salud mental, cuatro de cada diez pacientes reconocen que han aumentado notablemente el consumo de alcohol en los últimos meses. A su juicio, se trata de una consecuencia lógica en una situación como la actual, de agobio e incertidumbre, “porque el alcohol es una droga polivalente, social e institucionalizada. Muchos, en lugar de acudir al psiquiatra, van al bar a tomarse unas copas”.
Que se dispare el consumo de alcohol y otras adicciones enturbia aún más el panorama en un país como España, que ya encabeza las estadísticas europeas de consumo de drogas en los años de opulencia. “La adicción es una enfermedad multicausal y los factores sociales influyen. Si el entorno es inestable, estimula el consumo”, explica Fidel Riba, director médico del centro terapéutico Marenostrum, en Barcelona. Riba matiza que lo peor no ha llegado aún. “No se va a notar un auge de pacientes adictos de manera inmediata porque la primera fase de la enfermedad es silente y dura de siete a diez años. Igual que un tumor puede estar mucho tiempo creciendo sin dar síntomas, la adicción no se manifiesta de la noche a la mañana. Solo eclosiona cuando los desastres en la vida del adicto son muy evidentes”.
Curiosamente, el consumo de cocaína ha descendido. Una de las razones es su carestía: unos 60 euros el gramo. Está asociada al éxito laboral y al alto poder adquisitivo. ¿Hay una droga asociada al fracaso? “El alcohol es relativamente barato. Y los ansiolíticos también son asequibles y, a la larga, pueden provocar más casos de adicción en mujeres, que consumen el doble de hipnóticos que los hombres”, opina Riba.
El paro juvenil (47 por ciento en España) también hace mella. “La inseguridad laboral está provocando un aumento de la patología ansiosa, y en el caso de los jóvenes la situación se agrava porque sus expectativas son más inciertas”, afirma el psiquiatra Salvador Ros. ¿El futuro? La ansiedad será la primera causa de discapacidad en 2020.
Entrevista a Sol Bacharach, directora del centro terapéutico Marenostrum

-¿Por qué las adicciones aumentan en momentos de crisis económica?
Porque es la enfermedad del autoengaño. Distorsionas una realidad que te causa angustia y que no puedes afrontar, huyes de ella. Y caes en un pozo. Crees que la puedes controlar, pero no.
-¿Ni siquiera con fuerza de voluntad?
No. Es una idea muy extendida, pero no es así. El cerebro del adicto depende de los estímulos placenteros que le proporcionan las drogas, que actúan sobre el circuito de la recompensa cerebral, el que nos proporciona gratificación liberando sustancias como la dopamina cuando realizamos actividades indispensables para vivir, como beber agua, comer o tener relaciones sexuales. Por eso las repetimos. Con el tiempo, la dopamina liberada por el tóxico va disminuyendo. Y el paciente sigue consumiendo no para pasárselo bien, sino para evitar el malestar.
-Pero no puede evitarlo…
No. Cada vez necesita más. Y se gasta más… Y se siente culpable. Y más en un entorno de crisis, porque le quita tiempo y dinero a la familia para seguir consumiendo. La culpa agrava la adicción. Todo se confabula para que siga consumiendo.
-¿La adicción tiene cura? No. Es crónica. Pero tiene tratamiento, igual que ocurre con la diabetes. El adicto debe reconocer, lo primero, que está enfermo y, a partir de ahí, aprender a vivir sin ningún tipo de tóxico.
-¿Por qué se hizo adicta?
Era muy perfeccionista. No me bastaba con ser la mujer 10, quería ser la mujer 14. Y quería solucionarle la vida a todo el mundo. Tenía tanto estrés que fui a mi médico a que me recetase unos ansiolíticos. Me sentaron bien y empecé a tomar cada vez más, a mezclarlos con alcohol…
-A su marido lo asesinó ETA, ¿influyó en su adicción?
Yo ya era adicta entonces, pero me hice la fuerte. Así que aumenté el conumo. Además, intentaba ayudar a mi hermana Marga, que era alcohólica. No pude. Ella murió. Para entonces, yo languidecía. No tenía fuerzas ni para levantarme de la cama.
-Y buscó ayuda…
Es que sin ayuda profesional no puedes salir de este agujero. Ingresé en el centro del Vallès.
-Y ahora lo dirige…
Sí. Y es una satisfacción muy grande poder ayudar a otras personas.
El cerebro adicto
Por Centro Marenostrum - General - 30 enero 2012
Un vídeo divulgativo de la Universidad de Navarra
Así actúan las setas mágicas en el cerebro
Por Centro Marenostrum - General - 27 enero 2012
Fuente: http://www.muyinteresante.es/asi-actuan-las-setas-magicas-en-el-cerebro
Escáneres cerebrales de personas bajo la influencia de la psilocibina, el ingrediente activo alucinógeno de las “setas mágicas”, ha proporcionado a los científicos la imagen más detallada hasta la fecha de cómo funcionan las drogas psicodélicas a nivel cerebral. Los hallazgos se publican esta semana en dos revistas científicas (PNAS y British Journal of Psychiatry) y revelan que, lejos de incrementar la actividad neuronal, esta sustancia desactiva ciertas zonas del cerebro.
“Solemos pensar que las drogas psicodélicas ‘expanden la mente’ y que, por lo tanto, deberían actuar aumentando la actividad del cerebro; pero sorprendentemente la psilocibina hace todo lo contrario: reduce la actividad en las zonas del cerebro que tienen conexiones más densas con otras regiones de la materia gris”, explica David Nutt, responsable de ambos estudios. Se trata de la corteza prefrontal medial y la corteza posterior cingulada, implicadas en la consciencia. “Estos centros controlan en cierto modo nuestra experiencia del mundo y la mantienen en orden”, especifica Nutt. Por lo tanto, añade el investigador, es lógico que “desactivar estas regiones conduzca a un estado en que el mundo que nos rodea se percibe de manera extraña”. Los efectos narrados por los participantes en el experimento, incluyendo visión de patrones geométricos, sensaciones corporales inusuales y una percepción alterada del espacio y el tiempo se relacionan con la falta de oxigenación y de flujo sanguíneo en dichas áreas.
Por otra parte, las zonas cerebrales afectadas por el consumo de setas mágicas están hiperactivadas en personas que sufren depresión, lo que explica por qué a la psilocibina se le atribuyen efectos antidepresivos. A esto se suma que la psilocibina reduce el flujo de sangre en el hipotálamo, donde la sangre se acumula en casos de jaqueca, lo que explica por qué esta sustancia también puede aliviar las cefaleas.
El cannabis fuerte se vuelve droga dura
Por Centro Marenostrum - Cannabis, General, Noticias - 13 enero 2012
Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/01/11/vidayartes/1326314102_398118.html
La aparición del cannabis de cultivo nacional, la denominada nederwiet (hierba holandesa), ha dado un vuelco al pragmatismo que ha regulado desde 1976 las drogas blandas en el país. Con una política de información, prevención, tratamiento y control del daño causado por los narcóticos, ese año fue despenalizada la venta y consumo de cannabis. Poco después surgieron los famosos coffeeshops, el establecimiento hostelero made in Holland por excelencia. Libres de alcohol y tragaperras, dentro puede adquirirse y fumar hasta cinco gramos de marihuana. Fuertemente regulados para evitar la venta a menores, hay 650 en todo el país. Sobre el papel, la decisión del legislador de separar así el mercado de drogas blandas y duras parecía funcionar. Sin aumentar el consumo, la venta tolerada de marihuana evitaba que el comprador acabara en el mercado negro. La nederwiet ha cambiado las cosas.
No solo ha convertido los coffeeshops en centros difíciles de manejar. Con el tiempo, ha propiciado la afloración del crimen organizado. Para librarse de las mafias locales, algunos dueños han optado por cultivar la marihuana ellos. O bien encargarla a gente de su confianza. Ante la evidencia de que la holandesa es mucho más fuerte que la de importación, el Gobierno se ha adaptado a la realidad. En nombre de la salud pública, a partir de la próxima primavera el cannabis con una concentración de tetrahidrocannabinol (THC), su principio activo, superior al 15%, será considerado droga dura. No podrá venderse en los coffeeshops, que se arriesgan al cierre si vulneran la norma. Los análisis de sus existencias —guardan hasta un máximo de 500 gramos— serán frecuentes, y deberán informar al comprador del origen del producto. Las tres cuartas partes de la droga cultivada en Holanda —donde hay 40.000 cultivos de marihuana que generan, al año, unos beneficios de 2.000 millones de euros— tiene una concentración de THC entre el 15% y el 18%. La importada no supera el 6,6%, según un análisis del Instituto Trimbos, especializado en salud y adicciones. De modo que la tolerancia exhibida durante décadas por la policía llega a su fin.
Los dueños de los locales ahora siembran sus propias plantas
La decisión ha venido precedida de un informe oficial que apunta al “aumento del riesgo de dependencia y trastornos psicóticos del cannabis fuerte”. Margriet van Laar, coordinadora del estudio que evalúa anualmente el uso de drogas en Holanda, señala que los más jóvenes “aficionados a la maría fuerte, pueden sufrir efectos adversos”. “Si un adolescente fuma mucho, la droga interfiere en el desarrollo de su cerebro. Puede derivar en una dependencia asociada a desórdenes mentales. Además de combatir el crimen, la nueva política trata de proteger a los más vulnerables. Se ha visto que los fumadores de poca edad tienen antes otros problemas, ya sean familiares, personales o de marginación”, dice, desde el Instituto Trimbos.
Un estudio publicado en octubre de este año por el Journal of Neuroscience, y efectuado por neurólogos de la Universidad británica de Bristol, observó “comportamientos distorsionados semejantes a la esquizofrenia”, en ratones inyectados con una sustancia que simula el efecto del THC. Entrenados para buscar comida, no podían decidir si hacerlo a derecha o a izquierda al llegar a una bifurcación en un laberinto. La zona del cerebro responsable de la memoria y la toma de decisiones había sufrido una alteración. “Las personas sanas pueden presentar síntomas como los esquizofrénicos debido al THC”, escribe Matthew Jones, principal investigador del trabajo. Otros análisis ya habían detectado problemas pasajeros de concentración, memoria y coordinación, después de fumar marihuana.
El debate sobre los efectos médicos del cannabis está lejos de cerrare. Un informe conocido ayer, publicado en The Journal of the American Medical Association, señala que los daños en el pulmón del cannabis son menores a lo esperado. Un estudio que comparó a fumadores crónicos de marihuana con los que solo consumen tabaco no encontró más tendencia entre los primeros a desarrollar males como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, ni un peor funcionamiento del órgano. Una explicación que manejan los autores es que el THC perjudique menos el pulmón por sus efectos antiinflamatorios.
Estudios ven menos riesgos para el pulmón pero más para la mente
Otra cosa, sin embargo, son sus efectos en la mente. Según el instituto Jellinek, dedicado al tratamiento y prevención de toxicomanías, “una cierta predisposición genética a la esquizofrenia, unida al uso de marihuana, aumenta el riesgo de padecer la enfermedad”. “No está demostrado que en personas sin ese factor genético favorable vaya a desarrollarse”, subraya la documentación del centro. Y continúa: “Si el uso intensivo se prolonga más de una década, la memoria puede resultar dañada para siempre. A su vez, parece posible que los usuarios muy jóvenes sufran problemas de memoria a largo plazo”. Datos del propio Jellinek señalan que los holandeses empiezan a consumir cannabis hacia los 14 años. Entre los 20 y los 24 años se produce un pico. Este baja significativamente a partir de los 30-40 años. En 2009, el Ministerio de Justicia calculó que unas 363.000 personas entre 15 y 64 años habían consumido cannabis. El grupo con problemas de adicción oscilaba entre 24.000 y 46.000 ciudadanos. Holanda tiene 16 millones de habitantes.
“Hay que poner las diferentes cifras en perspectiva. Los estudios epidemiológicos suelen señalar a España como el principal país consumidor de cannabis y cocaína”, continúa Van Laar. “Hay un dato sin contrastar, pero posiblemente cercano a la realidad, y es que cerca del 80% de la nederwiet se exporta. Así que fuera también piden una hierba de gran potencia”. En un sondeo de 2009 aportado por Jellinek, y relativo al consumo de marihuana, un 7% de la población admitió haberla usado (un mes antes de la consulta) en España, Estados Unidos e Italia. Le siguen Francia e Inglaterra, con un 5%. Holanda aparece después, con un 4%. Tras ella Irlanda y Bélgica, con un 3%. En Alemania, Austria, Portugal, Noruega y Finlandia dijo haberla usado un 2%. Suecia y Grecia están a la cola, con un 1%.
“La decisión oficial está clara porque regula la venta al público del cannabis fuerte. Pero la trastienda sigue sin arreglarse. Se mantiene el dilema del consumo legal frente a un cultivo perseguido por la justicia. Y este Gobierno de centro-derecha ya ha dicho que no quiere hacer experimentos con lo que es, en realidad, una paradoja legislativa”, concluye la experta. En puridad, la paradoja se deriva de una laguna jurídica. La Ley del Opio holandesa prohíbe la producción, posesión y tráfico de drogas, duras y blandas, pero no penaliza el uso recreativo del cannabis. Es decir, si bien cultivarlo para su venta es ilegal, puede comprarse sin problemas en un coffeeshop. En la práctica, los dueños se abastecen en un mercado ilícito, pero la policía no les molesta si cumplen las reglas impuestas a sus locales.
Un informe oficial afirma que fumar mucha ‘maría’ causa desorden mental
A lo largo del tiempo, han proliferado los cultivos de hierba holandesa en invernaderos clandestinos, viviendas, terrenos agrícolas y hasta sótanos. A veces, el desmantelamiento de una plantación encubierta se ha producido por casualidad. Los recibos del agua y la luz eran excesivos, y la policía, al entrar, halló pisos enteros forrados de plantas regadas por aspersión e iluminadas sin pausa. Otras veces, la marihuana estaba camuflada entre unos maizales. También algunos dueños de coffeeshops han recurrido a sembrar la cantidad necesaria para su venta particular. Sin olvidar la sorpresa constante de los turistas al comprobar que el mercado de las flores de Ámsterdam vende bolsas de semillas de marihuana. La policía no interviene porque el delito es cultivarla.
Todo ello es perseguido por las fuerzas del orden, que recuerdan las penas impuestas para el tráfico, cultivo, fabricación, transporte y venta de drogas blandas (y duras): hasta 4 años de cárcel (12 con las duras) o 74.000 euros de multa. La posesión de más de 30 gramos de cannabis puede acarrear dos años de prisión, o 18.500 euros de sanción. Hasta 30 gramos, un mes de reclusión o 13.700 euros. “La paradoja es un hecho. Pero cambiar la legislación requiere un acuerdo político que no parece posible de momento”, admite Martijn Bruinsma, del Ministerio de Justicia.
“Considerar el cannabis fuerte una droga dura servirá para controlar mejor la situación. Que el producido en Holanda tenga porcentajes tan altos de THC responde a los procesos de manipulación de la planta. Los coffeeshops saben lo que venden y la responsabilidad es suya”, añade. Su jefe y titular del ministerio, Ivo Opstelten, lo dijo muy claro en noviembre pasado: “Si no pueden medir el THC, tendrán que cerrar los establecimientos”.
El cultivo y la venta son ilegales en Holanda, pero no los ‘coffeeshops’
Justicia no cree que los controles previstos arrojen al cliente al delito. “Los ciudadanos quieren fumar marihuana seguros y relajados. No en lugares lúgubres y peligrosos. Tampoco los turistas, que para eso ya tienen el circuito ilegal en sus países”, sentencia Bruinsma. Con su relativo silencio, apenas unos zumos y frutos secos a la venta, vigilancia (es preciso mostrar el pasaporte), y tablones con precios y variedades claros, los coffeeshops pretenden conservar su imagen de lugares de confianza. El dibujo de una hoja de maría en el cristal de la ventana suele ser la única huella externa de la naturaleza del lugar.
Pero ninguno puede evitar el efecto llamada, la clientela excitada y los problemas derivados del merodeo de grupos variopintos por los alrededores. Hay turistas europeos que fuman y se marchan del local sin rechistar. Cuando el viajero llega de Estados Unidos, por ejemplo, la sorpresa de tomar a la luz del día una droga que en su país les llevaría a la cárcel, suele ser más sonora. Otra paradoja, esta vez causada por la aplicación de la Ley del Tabaco, impide fumarlo en el interior. Solo se permite hachís. (Para los que quieran comparar el rastro dejado en el organismo por ambos productos, en Jellinek calculan que cuatro porros equivalen a 20 cigarrillos).
La venta de cannabis medicinal, autorizada en 2003, sigue intacta
De modo que el complemento de la nueva normativa sobre el cannabis, conllevará aún otro cambio. El coffeeshop se transformará en un club para socios con carné. El pase será solo para ciudadanos con pasaporte holandés, o bien permiso de residencia. Un circuito cerrado que el Gobierno utilizará para atajar el creciente turismo de la droga. “El Tratado de Schengen abre las fronteras de la UE, pero también exige un control de este tipo de visitantes”, recuerdan en Justicia. En Maastricht, que linda al sur con Bélgica y Alemania, el flujo de extranjeros es muy visible. En especial los fines de semana. Con locales tanto en tierra firme como en barcos atracados en el río Mosa (Maas), que da nombre a la ciudad, el Consistorio ha pedido más tiempo para ponerse al día con los carnés. “Por su posición geográfica, contener las visitas llevará tiempo”, explican fuentes ministeriales.
¿Qué piensan de todo esto los vendedores? La Asociación Nacional de coffeeshops asegura que no puede controlar al detalle el producto. Con todo, es favorable a los controles de calidad, “siempre que podamos participar”. La asociación para la abolición de la prohibición del cannabis, por su parte, teme que la aparición de un mercado paralelo para la variedad fuerte que el Gobierno quiere erradicar. También alega que la proporción de THC varía de una planta a otra, y los análisis obligatorios de muestras de droga pueden ser difíciles de hacer.
En este panorama de endurecimiento legal, permanece intacta la venta de cannabis medicinal, aprobada en 2003. Producido por cultivadores aprobados por el Gobierno, es recetado por los médicos para aliviar la rigidez muscular de la esclerosis múltiple, el malestar de la quimioterapia del cáncer, y los dolores crónicos del sistema nervioso, entre otros. Los partidarios de la despenalización completa del cannabis, se preguntan si no podría arbitrarse una fórmula parecida, que permitiera sembrar varias plantas por persona. La respuesta oficial ha sido negativa. “Cualquier cultivo ajeno a Bedrocan, la empresa autorizada para fabricar la droga de uso médico, está prohibido”. Bedrocan sí puede exportarla, de acuerdo con la Oficina Estatal del Cannabis Medicinal. Italia, Alemania, Polonia, Israel, Estados Unidos y Canadá figuran hoy entre sus clientes con fines terapéuticos.